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23 de febrero de 2010

Caminito

Para aquellos jóvenes que sólo conocen la música encerrada en un compact disc o en formato mp3, para aquellos jóvenes que en la palma de una mano son capaces de llevar miles de canciones; quizás Séneca diría hoy “no interesa escuchar muchas canciones, sino buenas canciones”. Para aquellos jóvenes hablarles del cassette puede resultarles extraño, y aún más extraño si le mencionas el disco de vinilo; seguro que en ese instante pensaran que le hablamos del pasado, de algo antiguo, de algo de nuestros padres o, incluso, de nuestros abuelos.

Pocos conocen ya el significado de la cara B de un vinilo. La cara B es como la cara oculta de la luna. Los grupos de música utilizaban la cara A para el éxito y la cara B para el olvido. Y ahora, cuando se cumplen años de la formación o de la desaparición de la banda, cuando se cumplen años de la muerte del cantante o del guitarrista o del bajista, cuando se cumplen años de un gran éxito o de la publicación de un vinilo, ahora es cuando se acuerdan de la cara B, ahora es cuando sacan un recopilatorio donde a los grandes éxitos se le suman las rarezas, las canciones olvidadas y las canciones inéditas que antes escondían en la cara B.

Un 30 de enero de hace diez años, Fernando Fernán Gómez se sentaba en el sillón B de la Real Academia Española. Aún recuerdo cuando se subió por última vez al escenario de un teatro, la última escena de su vida, en el Teatro Español, su amigo Enrique Morente cantaba un tango por flamenco... “Caminito que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos viste pasar, he venido por última vez, he venido a contarte mi mal”.

Hay personas que no deberían jubilarse nunca y otras que no deberían ni haber empezado a trabajar, si se les puede llamar trabajo a lo que algunos hacen. Hoy, a más de uno, Fernando les diría aquello de ¡Váyase usted a la mierda! ¡a la mierda!; porque lo importante no es trabajar más años, sino vivir más. “Caminito que entonces estabas bordado de trébol y juncos en flor, una sombra ya pronto serás, una sombra lo mismo que yo”.

Fuente: Sanlúcar de Barrameda TVi
Autor: David Romero Raposo

23 de enero de 2010

Los banqueros

Un banco. A simple vista es sólo un banco. Madera, hierro, pintura, uno, dos, tres, cuatro... seis, ocho... doce tornillos... sí, es un banco. Como éste en el que estoy sentado en medio del parque. Donde las mañanas, las tardes y las noches se hacen eternas. Desde aquí puedo ver otros bancos, tanto a la izquierda como a la... miremos mejor a la izquierda.

Aunque un banco no es un banco sin sus banqueros, al igual que un parque no es un parque sin sus bucaneros. Especies protegidas y variopintas que caminan bajo las sombras de los árboles. Madres que siempre llegan tarde... hombres que buscan trabajo... jóvenes fugitivos de la educación... barrenderos de la soledad...

Pero veamos a los banqueros en toda su acción, es la hora. Puntual. Este banquero trabaja cerca del parque y siempre sale a las 9 de su oficina a desayunar. Sólo es cruzar la calle y se inunda de naturaleza. Siempre a la misma hora, el mismo banco, el mismo papel de plata guardado en una bolsa de plástico, el mismo sándwich... y siempre el mismo cortejo, el mismo comer lento y su mirada siempre fija en mí mientras mastica.

¿Por qué escoge siempre el mismo banco? ¿por qué no aquél? ¿o aquél otro? ¿por qué siempre esa misma mirada? ¿se siente culpable de mi situación? ¿quiere ayudarme? ¿limpiar su conciencia?...

Continua, como siempre, con el mismo cortejo una vez más... se recoge las migajas caídas sobre su corbata, se limpia la boca con una servilleta blanca de papel, se levanta y me mira. Le miro. Nuestras miradas parecen darse la mano en el vacío de la mañana, entre el viento que recorre el parque. El mismo paso dubitativo de siempre... tira los restos en la papelera y se marcha.

Así son las personas. Vemos, oímos y callamos. No somos capaces de levantarnos y cambiar nuestros pasos. Seguimos siempre el mismo camino marcado. Mientras aquí sigo. Vivo, bebo y duermo en el mismo banco desde hace tres años. Como cualquier otro banquero. Yo ya no puedo luchar por cambiar... ¿o sí?

Fuente: Sanlúcar de Barrameda TVi
Autor: David Romero Raposo